viernes, 28 de octubre de 2011

Tesoro de Guayacan.


Un yacimiento de oro que supera el millón de toneladas, sería "el Dorado", que buscaron inutilmente los conquistadores españoles hace más de 500 años. La información aparecida recientemente en medios de comunicación, revela además que tan enorme fortuna, estaría ubicada en la Tercera Región, frente a Copiapó. Tal revelación, hace aflorar nuevamente la imaginación popular, y la fe, para quienes se dedican a buscar tesoros, ya sea en barcos piratas hundidos en puertos chilenos, o escondidos en tierras ignoradas, que, pese a mapas o "datos antiguos", jamás han sido encontrados. Uno de ellos, es el Tesoro de Guayacán, descubierto por el corsario inglés Sir Francis Drake en 1578, y que pasó a ser un punto de reunión y refugio secreto para todos los corsarios y piratas que navegaban por el Pacífico. Recalaron allí, además de Drake, Bartolomé Sharpe, Eduardo Davis, Jorge Anson, y el buque francés St. Louis, por citar a los más conocidos. En cuanto al descubrimiento de este parapeto natural, Drake a su regreso a Europa, repartió a sus amigos de correrías un croquis y así se extendió la fama de la Bahía de Guayacán, como un lugar seguro para los corsarios que atravesaban el estrecho de Magallanes o daban la vuelta por el Cabo de Hornos.
En 1626, entró a la bahía un misterioso buque y desembarcó sigilosamente una gran cantidad de bultos y cajas. Se supo, por el infaltable audaz criollo que les sirvió de guía, que eran extranjeros y que recalaron para sacar un tesoro enterrado por piratas ingleses o buscar una mina de oro de extraordinaria riqueza. El guía se llamaba Manuel Castro y en 1630, inició por cuenta propia algunas excavaciones, que dieron como resultado que encontrara en un cofre, mapas y pergaminos. Otros hallazgos se sumaron a este. La noticia se expandió rápidamente y un gran número de aventureros se sumó a la búsqueda del entierro. Sin embargo, jamás fue encontrado.
La historia investigada indicó que, en 1577, salió de Plymouth, una flotilla al mando de Drake, hasta el Pacífico, para interceptar a galeones españoles que transportaban oro y joyas desde Perú. Al entrar en el estrecho de Magallanes, un temporal separó a los barcos de su flotilla que no volvieron a encontrarse jamás. Drake regresó a Guayacán, donde enterró un fabuloso tesoro, quien no regresó jamás. La historia y la fantasía encendieron la avidez de los pobladores de la zona, muchos invirtieron pequeñas fortunas para buscar el tesoro. Algunos rescataron piezas de valor, pequeñas, que ni siquiera salvaron los gastos, sin embargo la leyenda sigue rondando en las mentes de los eternos buscadores. El tiempo transcurrido no desilusiona a estos eternos soñadores. El Tesoro de Guayacán, está allí. Esperando, esperando.

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